Durante los últimos
años de primaria, me apasioné por la lectura, no gracias a las
cartillas con las que trabajábamos en el colegio, sino gracias a
unos viejos y amarillentos textos de lectura, que por su vejez,
deduzco que pertenecieron a la biblioteca de mis padres cuando ellos
hicieron sus primeros y únicos años de primaria. De ellos recuerdo
algunas lecturas en particular como El mundo al revés, la
melindrosa, animales que parecen plantas, algunas poesías y
adivinanzas,... era realmente placentero coger esos polvorientos y
casi deshechos libros, y leer esos textos una y otra vez...
Mi papá, a pesar de
tener y haber tenido en esa época muy poca escolaridad, era muy
conciente de la importancia de los libros y de la lectura en general.
Era un autodidacta y siempre estaba dispuesto a aprender algo a
través de la lectura. Se convirtió en mecánico automotriz por
correspondencia y de eso vivió toda su vida. Es increíble cómo
alguien con tan poca enseñanza aprende con qué defenderse en la
vida. Realmente en ese sentido, es un ejemplo para mí.
Los domingos siempre
se compraba el periódico y como a todo niño, con mi hermano
peleábamos por las tiras cómicas. Leíamos sagradamente todos los
comics y domingo a domingo seguíamos las tramas que siempre dejaban
algo para el próximo número. Paralelamente leíamos otros comics
que adquiríamos con la mesada que recibíamos cada domingo. Eran
historias emocionantes de Tio Rico y de otros personajes de Walt
Disney, que han acompañado a niños y adultos de varias
generaciones. A parte de estas lecturas recreativas, recibía
enseñanza a través de la Biblia, de la cual escuchaba historias
domingo a domingo.
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