domingo, 9 de octubre de 2016

Y DE LEER QUÉ?

Durante los últimos años de primaria, me apasioné por la lectura, no gracias a las cartillas con las que trabajábamos en el colegio, sino gracias a unos viejos y amarillentos textos de lectura, que por su vejez, deduzco que pertenecieron a la biblioteca de mis padres cuando ellos hicieron sus primeros y únicos años de primaria. De ellos recuerdo algunas lecturas en particular como El mundo al revés, la melindrosa, animales que parecen plantas, algunas poesías y adivinanzas,... era realmente placentero coger esos polvorientos y casi deshechos libros, y leer esos textos una y otra vez...
Mi papá, a pesar de tener y haber tenido en esa época muy poca escolaridad, era muy conciente de la importancia de los libros y de la lectura en general. Era un autodidacta y siempre estaba dispuesto a aprender algo a través de la lectura. Se convirtió en mecánico automotriz por correspondencia y de eso vivió toda su vida. Es increíble cómo alguien con tan poca enseñanza aprende con qué defenderse en la vida. Realmente en ese sentido, es un ejemplo para mí.
Los domingos siempre se compraba el periódico y como a todo niño, con mi hermano peleábamos por las tiras cómicas. Leíamos sagradamente todos los comics y domingo a domingo seguíamos las tramas que siempre dejaban algo para el próximo número. Paralelamente leíamos otros comics que adquiríamos con la mesada que recibíamos cada domingo. Eran historias emocionantes de Tio Rico y de otros personajes de Walt Disney, que han acompañado a niños y adultos de varias generaciones. A parte de estas lecturas recreativas, recibía enseñanza a través de la Biblia, de la cual escuchaba historias domingo a domingo.



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