Más adelante no fue
tan sencillo adaptarme al colegio, al bachillerato, a la inmensa
Normal Miguel de Cervantes Saavedra de Guacarí, con tantos maestros,
con otros compañeros, muchos de ellos de diferentes estratos
sociales y que confluíamos en un mismo grupo simplemente porque en
esa época no se oía hablar mucho de los Colegios privados, además
la Normal tenía un muy buen nivel académico en su bachillerato
clásico y en la formación de maestros como Normal que es.
Los rasgos que
recuerdo de la enseñanza del español en la clase respectiva, era
del formalismo de las Escuelas, que si Clasicismo, que si
Romanticismo, entre otras, enumerar el listado de autores de cada
escuela con sus correspondientes obras más representativas. Exámenes
tipo Icfes, con preguntas absolutamente memorísticas y poco o nada
de argumentación y proposición. Lo que todavía conservo intacto y
es un vívido recuerdo de la clase de español fue la lectura en
grado octavo del Lazarillo de Tormes y la Lectura de La Odisea en
grado once. Lo demás era memoria y repetición constante de
definiciones, de características de géneros literarios, de listados
de autores, con fechas de nacimiento y muerte, etc. En cuanto a la
producción escrita en la clase de español, era cero. Dónde sí
tenía que escribir era en la Práctica docente, ya que preparar las
clases implicaba informarse y luego consignar la estructura de esa
información recopilada en los momentos como se iba a presentar a la
clase, es decir, el proceso de motivación, de iniciación, de
elaboración y de evaluación, eso implicaba desarrollar unas
competencias en el ejercicio de maestro o alumno maestro. Las
correcciones entonces las hacían los maestros consejeros quienes
daban diferentes parámetros para la enseñanza de tal o cual tema
que se fuera a enseñar. Esto me permitió desarrollar, en estos
primeros estadios de una independencia lecto-escritora, competencias
que aún hoy sigo desarrollando.
Algo que recuerdo
del bachillerato y que aún hoy me llama la atención, es un paro
promovido por los estudiantes por la falta de una biblioteca adecuada
en la institución. Estaba en grado séptimo y los promotores eran
los estudiantes de once. Movieron a todos los estudiantes en una
marcha por el pueblo, que seguramente hoy todavía recuerdan sus
habitantes. Los muchachos de hoy a pesar de ser una generación de
privilegios, de tecnología, son supremamente pasivos y hasta
desinteresados por su aprendizaje. Es algo que me preocupa porque
estos jóvenes son los que supuestamente nos van a reemplazar como
maestros y van a reemplazar al resto de profesionales en todos los
campos del conocimiento. Es hora de resignificar la enseñanza y
nuestras prácticas pedagógicas para lograr un cambio real y
tangible en la mentalidad de los jóvenes que forman parte del
sistema educativo actual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario