domingo, 9 de octubre de 2016

AL CRECER SE COMPLICA EL ASUNTO

Más adelante no fue tan sencillo adaptarme al colegio, al bachillerato, a la inmensa Normal Miguel de Cervantes Saavedra de Guacarí, con tantos maestros, con otros compañeros, muchos de ellos de diferentes estratos sociales y que confluíamos en un mismo grupo simplemente porque en esa época no se oía hablar mucho de los Colegios privados, además la Normal tenía un muy buen nivel académico en su bachillerato clásico y en la formación de maestros como Normal que es.
Los rasgos que recuerdo de la enseñanza del español en la clase respectiva, era del formalismo de las Escuelas, que si Clasicismo, que si Romanticismo, entre otras, enumerar el listado de autores de cada escuela con sus correspondientes obras más representativas. Exámenes tipo Icfes, con preguntas absolutamente memorísticas y poco o nada de argumentación y proposición. Lo que todavía conservo intacto y es un vívido recuerdo de la clase de español fue la lectura en grado octavo del Lazarillo de Tormes y la Lectura de La Odisea en grado once. Lo demás era memoria y repetición constante de definiciones, de características de géneros literarios, de listados de autores, con fechas de nacimiento y muerte, etc. En cuanto a la producción escrita en la clase de español, era cero. Dónde sí tenía que escribir era en la Práctica docente, ya que preparar las clases implicaba informarse y luego consignar la estructura de esa información recopilada en los momentos como se iba a presentar a la clase, es decir, el proceso de motivación, de iniciación, de elaboración y de evaluación, eso implicaba desarrollar unas competencias en el ejercicio de maestro o alumno maestro. Las correcciones entonces las hacían los maestros consejeros quienes daban diferentes parámetros para la enseñanza de tal o cual tema que se fuera a enseñar. Esto me permitió desarrollar, en estos primeros estadios de una independencia lecto-escritora, competencias que aún hoy sigo desarrollando.
Algo que recuerdo del bachillerato y que aún hoy me llama la atención, es un paro promovido por los estudiantes por la falta de una biblioteca adecuada en la institución. Estaba en grado séptimo y los promotores eran los estudiantes de once. Movieron a todos los estudiantes en una marcha por el pueblo, que seguramente hoy todavía recuerdan sus habitantes. Los muchachos de hoy a pesar de ser una generación de privilegios, de tecnología, son supremamente pasivos y hasta desinteresados por su aprendizaje. Es algo que me preocupa porque estos jóvenes son los que supuestamente nos van a reemplazar como maestros y van a reemplazar al resto de profesionales en todos los campos del conocimiento. Es hora de resignificar la enseñanza y nuestras prácticas pedagógicas para lograr un cambio real y tangible en la mentalidad de los jóvenes que forman parte del sistema educativo actual.  

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