domingo, 9 de octubre de 2016

MI AUTOBIOGRAFÍA

LA VIDA NO ES FÁCIL... PERO NO IMPOSIBLE...

Por BILMER CALERO PADILLA
La responsabilidad de enseñar no debería ser asumida por personas que en la vida no encontraron algo más qué hacer. Con razón algunos dicen que el que no sabe, enseña. Son muchos los profesores por los que uno pasa, pero son muy pocos los que pasan por uno. Son muy pocos los maestros, los que de verdad se entregan con pasión a su profesión y que permiten que como alumnos veamos la vida con una perspectiva que permita visionar el proyecto particular de vida”. 
Bilmer Calero Padilla


DE CÓMO EMPECÉ A APRENDER
Según Andrés López, el famoso autor de La Pelota de Letras y stand-up comedy de nuestro país, pertenezco a la generación W. Nací el 15 de agosto de 1968 en la Clínica Maranatha en la ciudad de Palmira-Valle del Cauca-Colombia. Soy el primogénito de una pareja de autodidáctas, mecánico automotriz y modista. Le llevo 14 meses al hermano que me sigue, en un grupo de 3, lo que quiere decir que fue corto mi reinado como hijo único y por lo tanto los privilegios tuvieron que ser prontamente compartidos. Afortunadamente tuve a alguien con quien compartir mis alegrías como también mis angustias y aprender entre la hermandad y la enemistad, este último resuelto en cuestión de segundos.
Mis primeras palabras las aprendí en mi núcleo familiar, mi mamá fue mi primera profesora, la de preescolar, ya que en el año 1974 la educación preescolar no era muy popular y en general los niños de mi generación éramos educados en el seno familiar en esta etapa del desarrollo. Mi mamá con su tercero de primaria, que hoy en día todos sabemos equivale a un grado avanzado de bachillerato, me enseñó a pintar, a hacer los palitos y las bolitas que más adelante me servirían para armar letras y posteriormente palabras y frases. Ella con su infinito amor, que hoy todavía tengo el privilegio de disfrutar, me enseñó a amar los libros y a aprender a vencer las dificultades.
Mi primera escuela fue mi casa y pronto se convirtió incluso en un espacio parecido a ella, ya que desde muy pequeño di muestras de lo que quería ser en la vida. Siempre iba con un lápiz y un cuaderno de aquí para allá. Eran elementos indispensables de juego. Esto constituyó una ventaja para mí y para mis padres, ya que nunca tuvieron que presionarme para estudiar; era algo que definitivamente me gustaba hacer.
Mi papá me construyó un tablero cuando contaba con unos ocho o nueve años, para que jugara al profesor, con mis hermanos y vecinos. Por alguna razón se reunían allí a escucharme y representar la escuela. Creo que era más divertido jugar a la escuela, que estar realmente en ella.
Mi primera cartilla se llamaba Coquito, en su carátula tenía el dibujo de un simpático niño que tenía un perro Dálmata, y en su interior toda la estructura de enseñanza de las “palabras normales” con su dibujo respectivo, la palabra en letras rojas o azules, y las frases complementarias, planas, palitos y bolitas, que después se convertirían en palabras y frases, pero tan lejos de nuestra realidad? No recuerdo haber escuchado a mi profesora leerme un cuento, aunque seguramente lo hizo, solo que tengo muy vagos recuerdos de esa época.

De mi profesora de primer grado es muy poco lo que recuerdo, solo deduzco que en aquella época era muy joven, tal vez recién egresada del bachillerato, pero en general, creo que no se dedicaba mucho a su labor como maestra, porque generalmente no estaba en el salón de clase. En algunas ocasiones ni siquiera la veíamos y estábamos constantemente sólos, creo que eso ayudó a que aprendiéramos cosas, es decir, sin la maestra, por la continua interacción con los compañeros. No recuerdo exactamente de qué se trataba ésta interacción con los compañeros, pero seguramente tenía que ver con diálogos y comentarios de nuestras vivencias diarias, de historias, mitos y cuentos escuchados o vistos en la incipiente televisión en blanco y negro de la época. Era la fantasía imaginada mezclada con la realidad que vivíamos. A pesar de todo y gracias a mi madre aprendí rápidamente a leer y escribir durante ese año. 

LA DIRECTORA… QUÉ PROFESORA!

En el grado segundo tuve la infortunada oportunidad de tener como profesora a la directora de la escuela, casi nunca tenía tiempo de dar clases por obvias razones, y cuando iba, era a tomar la lección y a dar regla, era la época de “la letra con sangre entra”, tomando las tablas de multiplicar, o tomando cualquier otra lección. 5X2=10, 7X3=21, 8X4=36, ... Reglazo! Recuerdo muy bien que al finalizar muchas de las jornadas escolares decíamos “Hoy no escribimos ni un punto”. En el mejor de los casos hacíamos planas y planas de números del 1 al infinito… que si recuerdo a mi maestra leyéndome un cuento?... no! Pero si las planas de los números del 1 al 1000, luego al 10.000, luego al 100.000, de 1 en 1, de 2 en 2, de 5 en 5, etc.
No sé por qué en el grado tercero la profesora también fue la directora, creo que porque la pasaba bien con este grupo, y la historia continuó igual, que por qué aprendíamos? Nuevamente creo que fue porque teníamos la oportunidad de interactuar con los compañeritos en diferentes situaciones. Cuando estaba la maestra básicamente la clase se reducía a copiar dictados de las lecciones que luego debíamos aprender y recitar de memoria, de manera oral o escrita, para comprobar que estábamos “aprendiendo”. Esto valida el hecho de que en muchas ocasiones el estudiante aprenda mucho más sin profesor, que con profesor (en este caso particular) y a pesar de las circunstancias, avancé en mi nivel académico de manera sobresaliente hasta grado quinto. A esta altura cabe señalar que esa escuela era una escuela del gobierno y que hoy en día no son necesariamente, de mala calidad. En esa época no eran muchas las opciones y las que había eran iguales o peores. Esa era la escuela en la que debía estudiar, ya que estaba a una cuadra de mi casa.
Siendo que era una sola institución de bachillerato para todos los niños y niñas que salíamos de la escuela primaria, la Normal hacía un examen de admisión, que afortunadamente logré pasar e ingresar a la institución educativa de la cual, seis años más tarde, me graduaría como maestro bachiller.

La enseñanza y la enseñanza de la enseñanza que recibían los maestros en la Normal del pueblo, no tenía la resignificación que tienen las Normales en la actualidad. Aunque cabe anotar que a pesar de esa resignificación se siguen transmitiendo informaciones y conocimientos mecánicos que carecen de una contextualización y por ende de significados para el estudiante que exige una enseñanza más concreta y eficaz.

Y DE LEER QUÉ?

Durante los últimos años de primaria, me apasioné por la lectura, no gracias a las cartillas con las que trabajábamos en el colegio, sino gracias a unos viejos y amarillentos textos de lectura, que por su vejez, deduzco que pertenecieron a la biblioteca de mis padres cuando ellos hicieron sus primeros y únicos años de primaria. De ellos recuerdo algunas lecturas en particular como El mundo al revés, la melindrosa, animales que parecen plantas, algunas poesías y adivinanzas,... era realmente placentero coger esos polvorientos y casi deshechos libros, y leer esos textos una y otra vez...
Mi papá, a pesar de tener y haber tenido en esa época muy poca escolaridad, era muy conciente de la importancia de los libros y de la lectura en general. Era un autodidacta y siempre estaba dispuesto a aprender algo a través de la lectura. Se convirtió en mecánico automotriz por correspondencia y de eso vivió toda su vida. Es increíble cómo alguien con tan poca enseñanza aprende con qué defenderse en la vida. Realmente en ese sentido, es un ejemplo para mí.
Los domingos siempre se compraba el periódico y como a todo niño, con mi hermano peleábamos por las tiras cómicas. Leíamos sagradamente todos los comics y domingo a domingo seguíamos las tramas que siempre dejaban algo para el próximo número. Paralelamente leíamos otros comics que adquiríamos con la mesada que recibíamos cada domingo. Eran historias emocionantes de Tio Rico y de otros personajes de Walt Disney, que han acompañado a niños y adultos de varias generaciones. A parte de estas lecturas recreativas, recibía enseñanza a través de la Biblia, de la cual escuchaba historias domingo a domingo.



AL CRECER SE COMPLICA EL ASUNTO

Más adelante no fue tan sencillo adaptarme al colegio, al bachillerato, a la inmensa Normal Miguel de Cervantes Saavedra de Guacarí, con tantos maestros, con otros compañeros, muchos de ellos de diferentes estratos sociales y que confluíamos en un mismo grupo simplemente porque en esa época no se oía hablar mucho de los Colegios privados, además la Normal tenía un muy buen nivel académico en su bachillerato clásico y en la formación de maestros como Normal que es.
Los rasgos que recuerdo de la enseñanza del español en la clase respectiva, era del formalismo de las Escuelas, que si Clasicismo, que si Romanticismo, entre otras, enumerar el listado de autores de cada escuela con sus correspondientes obras más representativas. Exámenes tipo Icfes, con preguntas absolutamente memorísticas y poco o nada de argumentación y proposición. Lo que todavía conservo intacto y es un vívido recuerdo de la clase de español fue la lectura en grado octavo del Lazarillo de Tormes y la Lectura de La Odisea en grado once. Lo demás era memoria y repetición constante de definiciones, de características de géneros literarios, de listados de autores, con fechas de nacimiento y muerte, etc. En cuanto a la producción escrita en la clase de español, era cero. Dónde sí tenía que escribir era en la Práctica docente, ya que preparar las clases implicaba informarse y luego consignar la estructura de esa información recopilada en los momentos como se iba a presentar a la clase, es decir, el proceso de motivación, de iniciación, de elaboración y de evaluación, eso implicaba desarrollar unas competencias en el ejercicio de maestro o alumno maestro. Las correcciones entonces las hacían los maestros consejeros quienes daban diferentes parámetros para la enseñanza de tal o cual tema que se fuera a enseñar. Esto me permitió desarrollar, en estos primeros estadios de una independencia lecto-escritora, competencias que aún hoy sigo desarrollando.
Algo que recuerdo del bachillerato y que aún hoy me llama la atención, es un paro promovido por los estudiantes por la falta de una biblioteca adecuada en la institución. Estaba en grado séptimo y los promotores eran los estudiantes de once. Movieron a todos los estudiantes en una marcha por el pueblo, que seguramente hoy todavía recuerdan sus habitantes. Los muchachos de hoy a pesar de ser una generación de privilegios, de tecnología, son supremamente pasivos y hasta desinteresados por su aprendizaje. Es algo que me preocupa porque estos jóvenes son los que supuestamente nos van a reemplazar como maestros y van a reemplazar al resto de profesionales en todos los campos del conocimiento. Es hora de resignificar la enseñanza y nuestras prácticas pedagógicas para lograr un cambio real y tangible en la mentalidad de los jóvenes que forman parte del sistema educativo actual.  

ENSEÑANZA SUPERIOR

Empiezo la Universidad a los 17 años. No quería algo que tuviera que ver con números porque en el bachillerato no fueron significativos para mí, eran procesos mecánicos que simplemente me aburrían, por eso decidí estudiar la Licenciatura en Literatura e Idiomas. En la Universidad seguí aprendiendo a leer y a escribir, o mejor allí fue donde aprendí realmente a leer y a escribir con un sentido crítico y no meramente repetitivo.
Al terminar la licenciatura, la cual le dio otro sentido a mi quehacer como docente y en general a mi propia vida, pensé en complementar mi etapa de profesionalización y para ello decidí estudiar sistemas, después de 6 semestres me gradué como Técnico profesional en Ingeniería de Sistemas y más adelante hice un postgrado en Computación para la Docencia.

En estos campos de formación puse en juego mi capacidad y creatividad con lenguajes de programación de computadoras, lo que también ha constituido en mi vida una experiencia muy significativa. Realizar proyectos de grado, me permitió crear con el lenguaje, escribir mis ideas y poner sobre el tapete el conocimiento adquirido. El lenguaje, y específicamente la lengua, es una herramienta de poder, es un instrumento que permite acceder y hacer que otros accedan al conocimiento renovado y significativo que posibilita construir sociedad, que en últimas nos permite crecer en la interacción y construir una conciencia social.

A OTRO NIVEL...

Esa conciencia y deseo de potenciar una transformación social, fue la que me llevo a pensar en trascender el aula de clase como maestro y aportar a nivel de directivo como coordinador. Por ello, atendiendo a las convocatorias de la Comisión del Servicio Civil, me presenté en el año 2005 a la convocatoria para coordinador por Cali, siendo nombrado en el año 2007. Durante 8 años ejercí como coordinador en la IE técnica Industrial comuna 17, tratando de promover mejores prácticas pedagógicas, mediante una continua reflexión sobre el quehacer del maestro en reuniones semanales y en sesiones de jornadas pedagógicas programadas para tal fin. El trabajo también se centró en la motivación hacia la integración de padres y madres de familia en este ejercicio de transformación pedagógica institucional.
Ya en el 2012 y después de sentir que había cumplido con un ciclo en la IE en mención, me presenté a la convocatoria para rector también en la ciudad de Cali, concurso que logré aprobar y quedar en la lista de elegibles, siendo nombrado en el mes de agosto del año 2015, como rector de la IE Técnica Comercial Hernando Navia Varón, en el Barrio Nueva Floresta, Comuna 12. El reto durante este año que llevo como rector de esta institución, es transformar toda una comunidad educativa, que ha estado sumida en una depresión académica en los últimos 10 años, que llegó a tocar fondo el año pasado.
Hoy asumo el reto de establecer planes de acción que propendan por una mejora integral de la institución y parte de ese plan tiene que ver con la posibilidad que hoy tengo de hacer la maestría en educación con la universidad Icesi, para adquirir nuevos conocimientos y herramientas que permitan lograr la meta propuesta.
Como directivo estoy convencido que puedo incidir en la transformación de una comunidad y que esto puede trascender como referente a otras instituciones y comunidades.