LA VIDA NO ES FÁCIL... PERO NO IMPOSIBLE...
Por BILMER CALERO
PADILLA
“La
responsabilidad de enseñar no debería ser asumida por personas que
en la vida no encontraron algo más qué hacer. Con razón algunos
dicen que el que no sabe, enseña. Son muchos los profesores por los
que uno pasa, pero son muy pocos los que pasan por uno. Son muy pocos
los maestros, los que de verdad se entregan con pasión a su
profesión y que permiten que como alumnos veamos la vida con una
perspectiva que permita visionar el proyecto particular de vida”.
Bilmer Calero Padilla
DE CÓMO
EMPECÉ A APRENDER
Según Andrés
López, el famoso autor de La Pelota de Letras y stand-up comedy de
nuestro país, pertenezco a la generación W. Nací el 15 de agosto
de 1968 en la Clínica Maranatha en la ciudad de Palmira-Valle del
Cauca-Colombia. Soy el primogénito de una pareja de autodidáctas,
mecánico automotriz y modista. Le llevo 14 meses al hermano que me
sigue, en un grupo de 3, lo que quiere decir que fue corto mi reinado
como hijo único y por lo tanto los privilegios tuvieron que ser
prontamente compartidos. Afortunadamente tuve a alguien con quien
compartir mis alegrías como también mis angustias y aprender entre
la hermandad y la enemistad, este último resuelto en cuestión de
segundos.
Mis primeras
palabras las aprendí en mi núcleo familiar, mi mamá fue mi primera
profesora, la de preescolar, ya que en el año 1974 la educación
preescolar no era muy popular y en general los niños de mi
generación éramos educados en el seno familiar en esta etapa del
desarrollo. Mi mamá con su tercero de primaria, que hoy en día
todos sabemos equivale a un grado avanzado de bachillerato, me enseñó
a pintar, a hacer los palitos y las bolitas que más adelante me
servirían para armar letras y posteriormente palabras y frases. Ella
con su infinito amor, que hoy todavía tengo el privilegio de
disfrutar, me enseñó a amar los libros y a aprender a vencer las
dificultades.
Mi primera escuela
fue mi casa y pronto se convirtió incluso en un espacio parecido a
ella, ya que desde muy pequeño di muestras de lo que quería ser en
la vida. Siempre iba con un lápiz y un cuaderno de aquí para allá.
Eran elementos indispensables de juego. Esto constituyó una ventaja
para mí y para mis padres, ya que nunca tuvieron que presionarme
para estudiar; era algo que definitivamente me gustaba hacer.
Mi papá me
construyó un tablero cuando contaba con unos ocho o nueve años,
para que jugara al profesor, con mis hermanos y vecinos. Por alguna
razón se reunían allí a escucharme y representar la escuela. Creo
que era más divertido jugar a la escuela, que estar realmente en
ella.
Mi primera cartilla
se llamaba Coquito, en su carátula tenía el dibujo de un simpático
niño que tenía un perro Dálmata, y en su interior toda la
estructura de enseñanza de las “palabras normales” con su dibujo
respectivo, la palabra en letras rojas o azules, y las frases
complementarias, planas, palitos y bolitas, que después se
convertirían en palabras y frases, pero tan lejos de nuestra
realidad? No recuerdo haber escuchado a mi profesora leerme un
cuento, aunque seguramente lo hizo, solo que tengo muy vagos
recuerdos de esa época.
De mi profesora de
primer grado es muy poco lo que recuerdo, solo deduzco que en aquella
época era muy joven, tal vez recién egresada del bachillerato, pero
en general, creo que no se dedicaba mucho a su labor como maestra,
porque generalmente no estaba en el salón de clase. En algunas
ocasiones ni siquiera la veíamos y estábamos constantemente sólos,
creo que eso ayudó a que aprendiéramos cosas, es decir, sin la
maestra, por la continua interacción con los compañeros. No
recuerdo exactamente de qué se trataba ésta interacción con los
compañeros, pero seguramente tenía que ver con diálogos y
comentarios de nuestras vivencias diarias, de historias, mitos y
cuentos escuchados o vistos en la incipiente televisión en blanco y
negro de la época. Era la fantasía imaginada mezclada con la
realidad que vivíamos. A pesar de todo y gracias a mi madre aprendí
rápidamente a leer y escribir durante ese año.